viernes, 29 de marzo de 2013

Nunca te fíes de un librero (o librera)

Sucedió hace algo más de un año. Entramos en la librería con cuatro "bonos cultura" *, lo reconozco, no fue una estrategia muy inteligente. Parecíamos niños la tarde del domingo en la tienda de chucherías. Todo era bonito, todo era dulce, todo era deseable. Llevábamos una lista -bibliófilos sí, a mucha honra, pero no somos suicidas- pero la carne es débil y en aquella librería había una mesa enorme exponiendo libros de todos los tamaños y colores. Los veíamos brillar desde la entrada. En el centro había unos muy grandes, muy coloridos, preciosos (¡Ahhh, las ilustraciones! Las ilustraciones atacan de nuevo...). Picamos el anzuelo.

La tienda (¿Las librerías pueden considerarse tiendas? Ayyyy, las librerías...) estaba llena. Era navidad, malas fechas para el peregrinaje de lectores. Apenas dispuse de medio minuto con el librero para consultárselo: "Estoy buscando libros para ellas dos. ¿Éstos irían bien?". "Sí, se están llevando muchos", me dijo con una sonrisa maléfica que valía tanto como un pérfido guiño. Se llevaban muchos... No me extraña. Es una edición exquisita, entran por los ojos, de verdad. Me llevé tres de la colección. Me dio tiempo a hojear uno en la cola. Por el tamaño y la cantidad de letra comprendí al instante que tendría que esperar años para poder contárselo. Los otros dos, por el contrario, parecían encajar.

He aguardado todo este tiempo para leerlos. A veces hay que saber esperar y no engullir ansiosamente los cuentos. Este ritual forma parte del placer de la lectura. Mezclar prisas y literatura a menudo tiene como resultado un estallido estruendoso. A pesar de todo, la experiencia ha resultado fallida. En parte, fallida en parte. Vida y Alana se han aburrido. Y estaréis conmigo en que hay pocas cosas tan desalentadoras como intentar conmover a otra persona, dejarte hasta la dignidad en el empeño y no conseguirlo. No, todavía no están preparadas. O quizás simplemente no les haya gustado. Ni siquiera le dieron una oportunidad a las preciosas ilustraciones (¡Qué elección de colores!). Pero aquí viene lo peor. ¡A mí me ha apasionado! Apasionado, cautivado, encantado, enamorado (búsquese a un adolescente y pídasele educadamente que continúe con esta serie).

Padres de hijos mayores de nueve años ** -o eso dicen en internet (?)-, padres, madres, hijos, hermanos o varias de estas categorías en una misma persona: ¡Leed este libro! Podéis hacerlo en casa, en el parque -a riesgo de que os lo pidan-, en la biblio -si no está ya prestado-, en el metro -aunque os miren mal-, en clase... Bueno, en clase mejor no, tengo alguna mala experiencia al respecto. Pero leedlo. No me molestaré en hacer una reseña: no hace falta. Paladeadlo, degustadlo por vosotros mismos. Yo también lo haré. A escondidas, a oscuras, cuando las niñas duermen. Lo haré porque los buenos cuentos siempre llaman a nuestra puerta varias veces. Y éste es un muy buen cuento. Disfrutadlo.



El ladrón de palabras, de Nathalie Minne (texto e ilustraciones)
Traducción: Pilar Careaga
Editorial Edelvives, álbumes ilustrados, 2011.

Ha pasado tiempo, mucho tiempo, pero ahora comprendo la sonrisa del librero. Llevaba mi nombre en la portada, sin duda. ¡Gracias a todos esos libreros desconsiderados que juegan a emparejar lectores y obras como pequeños dioses de la literatura! ¡Qué sería de nuestra vida sin ellos (y todavía con mayor frecuencia: sin ellas)!

¡Sed felices!


* Para los que no sepáis lo que es un "bono cultura": http://www.kulturklik.euskadi.net/lang/es/kultura-bonua-bono-cultura/
 ** Éste para Iker.

miércoles, 27 de marzo de 2013

¿Literatura infantil?

El diente, el calcetín y el perro astronauta.
Antonio Lozano (texto) y Birte Müller (ilustraciones).
Trampantojo, Editorial Thule, Barcelona, 2006.




Los que me conocéis sabéis que me incomoda mucho el concepto de Literatura infantil. Entiendo que las categorías son muy útiles -sobre todo en el ámbito teórico- pero a mí me pesa demasiado esta etiqueta. Y mucho más cuando se utiliza al mismo tiempo como un cajón de sastre y como un compartimento estanco. Me niego. Renuncio a tener una biblioteca correctamente organizada, abandono todas mis ínfulas de intelectualidad (¿Qué narices será eso? Con perdón del gran Paul Aubert): confieso que hace más de veinte años que sigo a Jordi Sierra i Fabra. 

Afirmar que existen libros "para niños" -obviando eso que algunos llaman libros y que de tales sólo tienen las hojas y las tapas y que, desde luego, no recomiendo en absoluto ni para niños ni para nadie. Volvemos a lo que comentábamos en la anterior entrada- es algo tremendamente arriesgado. No os preocupéis, volveré a la carga con este tema en posteriores comentarios. Ahora lo que quería hacer es presentaros un cuento. Un CUENTO, con mayúsculas. Una historia de amor, de vocación y de superación como pocas. Con un marco surrealista que me tiene encantada. Y unas ilustraciones -¡Ahhh, las ilustraciones!- simpáticas, divertidas, inteligentes, atractivas y, más difícil todavía, completamente coherentes con el texto.

La historia de Maya y Otto (el proyecto cuenta con la iniciativa del Goethe-Institut de Barcelona, entre otros) es la de un amor que comienza en la infancia y que se va forjando a través de una serie de casualidades en las que juega un papel estrella el perro de Otto. El libro crea un ambiente único desde su comienzo. Otto y Maya van creciendo por sus páginas como entre sueños y fantasía. Creciendo y conociéndose. De forma paralela descubrimos al perro de Otto, que con mucho estudio y trabajo logrará su sueño de ser astronauta. 

Ahora viene la explicación a la introducción con la que os he aburrido. Compré este libro engañada por una indicación de la librería (aparte de enamorada de los "dibujitos", como dice Alana). Era, sin lugar a dudas, un cuento para niños. Pues bien. En casa yo tengo dos niñas y ni les ha gustado, ni le han terminado de coger el sentido. Pero el caso es que a mí me ha gustado. Y mucho. Cuando digo mucho quiero decir mucho, mucho. No quiero empezar un debate sobre la capacidad de pensamiento abstracto, ni sobre el haz de significados del eje sintagmático (qué mañanas aquellas en Historia del Arte con Quindós...). Tampoco estoy como para debatir sobre gustos que, al contrario de lo que reza el dicho, hay mucho y bueno escrito sobre ello. Permitidme sólo que diga una cosa sobre las recomendaciones de libreros y editores: la indicación "a partir de x años" no es una advertencia que nos señala un límite de edad, ni tan siquiera una edad recomendada. Es sólo una invitación calurosa. ¡Pasen y vean! Todos, pasen y lean.

¡Sed felices (y nunca os avergoncéis del libro que tenéis entre manos, le pese a quien le pese)!

* El diente, el calcetín y el perro astronauta: una obra de arte.
** Si estáis buscando cuentos para trabajar sobre coeducación yo le daría una oportunidad a éste.

jueves, 21 de marzo de 2013

Un cuento tan grande


Un amor tan grande, de Raquel Díaz Reguera.

ItsImagical, 2011 (Imaginarium, a partir de 3 años)






No puedo recordar la cantidad de veces que hemos contado este cuento. A razón de dos o tres por noche y alguna que otra por la tarde. Nadie se puede imaginar que un libro de sólo 30 hojas dé tanto juego. ¡Y eso que, estrictamente hablando, sólo tiene dos o tres frases! Pero lo tiene todo. Unas ilustraciones vibrantes, que con el mismo dibujo reflejan texturas y sensaciones no visuales. Un mundo de cocodrilos, de gigantes, de avestruces, de elefantes con sombrero, de ballenas barrigudas, de nubes juguetonas, de arcoíris nocturnos, de soles resplandecientes, de lunas besuconas, de toda una Tierra y de... Lo más pequeño y más importante. El corazón de mi mamá. El único lugar en el que cabe el amor con el que ella nos quiere.



Al igual que comentábamos en otra entrada, se agradecen los libros escritos en mayúsculas, geniales para que Vida se vaya lanzando a la piscina. Pero no es eso lo único que comparten la autora y mis hijas. Las letras -cada letra- están coloreadas con distintos colores. Sólo con eso ya se ha ganado dos fans. No obstante, es evidente que no hablaríamos del libro sólo por las letras de colores. Es un cuento tierno de la primera a la última página. Alana y Vida insisten en que escriba que es "cariñoso". Y no les falta razón. El amor no sólo está en el título, impregna todas las páginas.



No os engañéis por el tamaño. Es muy difícil contarlo dedicándole menos de media hora. Se empieza hablando de las mariposas, se continua jugando con la mímica y a que el cocodrilo te come, lo siguiente es tener unos corifeos por detrás diciendo "no cabe, no, no cabe", nos dormimos con el arcoíris, los besos vuelan de mejilla en mejilla con la luna, buscamos España en la Tierra que nos mira, tan azul, y terminamos con múltiples palmadas en mi pecho y un abrazo grupal. Eso no lo consigue cualquier cuento. Éste lo hace de forma natural, casi lógica. Da un gusto tremendo ver que hay personas que se desmarcan de los clásicos libros de palabras e imágenes, de vacas que mugen, de perros que ladran, de camiones de bomberos, de hormigoneras, de lavarse los dientes y ponerse el pijama. Es un inmenso placer descubrir a escritoras valientes que se atreven con el más duro de los públicos: los niños menores de cuatro años. Y que lo hacen con el éxito con el que lo hace Raquel Díaz. 



Un pequeño libro para niños del mismo tamaño. Apasionados, amados, inteligentes, ocurrentes. Un libro para niños y para niñas. Y para niñas y para niños (preciosa, preciosa portada) ¡Un hurra por Raquel Díaz Reguera!



¡Sed felices!

domingo, 17 de marzo de 2013

El abrazo de Miguelito

El Regalo, de Gabriela Keselman y Pep Montserrat (ilustrador). 
Editorial La Galera, 1996. 
A partir de 5 años.


"Se acerca el día del cumpleaños de Miguelito. Sus padres, naturalmente, tienen que hacerle un regalo. Miguelito quiere un buen regalo, pero sus padres no saben qué puede hacerle ilusión".

¡Qué bien nos cae este Miguelito! Este cuento es muy difícil de definir y mucho más de resumir. Dejémoslo en que es un libro que trata sobre los sentimientos (y que desmonta el manido y equivocado tópico de que los niños son materialistas y egoístas). El señor y la señora Buenospadres se rompen la cabeza para conseguir el regalo perfecto para su hijo Miguelito. Finalmente, lo logran de la forma más inesperada. Y no, no os vamos a descubrir cómo, ji, ji. 

Las ilustraciones son muy personales y muy expresivas. Con una sencillez de fondos en blanco y plata. Me parecen de lo más hilarante que he visto últimamente y responden muy bien a lo que transmite el texto, igualmente divertido. Los cambios en la tipografía obedecen a la misma necesidad de corresponder con el mensaje del cuento y, sin duda ninguna, lo consiguen. Juegan con el tamaño de las letras, con su disposición, con las negritas o el color gris. Estas diferencias resultan muy útiles cuando un pequeño lector está aprendiendo a leer. Puedes detenerte únicamente en estas palabras -las más importantes- para que jueguen a adivinarlas. El libro cuenta también con un sistema de páginas desplegables que siempre funciona con este público. Da tiempo además a que los lectores nos imaginemos, junto a los señores Buenospadres, qué es lo que quiere en su cumpleaños Miguelito.

La opinión familiar: Este libro nos tiene divididos. A Vida le encanta la historia, pero no termina de comprender las ilustraciones. Sospecho que le resultan algo "agresivas". Alana tampoco entiende del todo los dibujos, pero le gustan mucho. Y en cuanto a mí (Guille todavía no lo ha leído)... No cambiaba ni una coma, ni un trazo. Me parece perfecto tal y como está. 

¡Sed felices!

* Gracias al abuelo y a la abuela por regalar este libro a Vida. Chuches no, gracias, preferimos abrazos (y libros).

sábado, 16 de marzo de 2013

Las aventuras del valeroso niño insomne

El niño que no quería ir a dormir.
Autora: Helen Cooper
Traductora: Christiane Reyes
Editorial Juventud.
La primera edición en español es del año 1999 (la original en inglés de 1996).
La editorial lanza una recomendación: a partir de cuatro años. En casa lo hemos probado desde los dos años y triunfa. 


Queridos lectores seguidores de la tradición de contar cuentos a la hora de ir a dormir -alguno incluso con la intención de que el auditorio caiga rendido en el más profundo de los sueños- éste es vuestro libro.

Nada nuevo podemos decir de su autora. Para hablar de Helen Cooper habría que utilizar las mayúsculas. A esta escritora e ilustradora -y pianista- le debemos títulos tan exitosos como Sopa de Calabaza o ¡Hay un oso en el cuarto oscuro! Las ilustraciones de El niño que no quería ir a dormir no defraudan. Es asombroso cómo puede captar los sentimientos de los personajes, invadidos por una bruma onírica que simula el cansancio del pequeño. Colores muy bien elegidos, escenas que acompañan y complementan a la perfección el texto... Lo que se dice un cuento redondo.

En cuanto a la historia, es fascinante y comienza con una situación conocida por cualquier padre. Una madre persigue a su pequeño para que vaya a dormir y éste no quiere ir por nada del mundo. Para evitarlo, se escapa en su correpasillos y vive muchas aventuras sin salir de su casa. El mundo de El niño que no quería ir a dormir es apasionante, tigres gigantes, trenes que hablan, lunas consejeras... Pero todo ello con un mismo denominador: todos los personajes están cansados y van a dormir (y todos ellos toman vida de entre los juguetes y la decoración de la habitación infantil). El final de la historia, que sé que pronto conoceréis de primera mano, tiene un punto de tensión dramática que me encanta. Se trata del momento en que la mamá aparece desde las sombras para rescatar a nuestro protagonista y llevarlo a la cama. Su conversación final -y la lámina que la acompaña, con ambos mirándose tiernamente a los ojos- hace saltar el cariño de la página. Reconcilia a cualquiera. Y ya sabemos todos que intentar dormir a un niño sin sueño, o con demasiado sueño, a menudo deviene en una lucha de fuerzas ancestrales incontrolables. De modo que no viene nada mal un punto de silencio, calma y reflexión. Este cuento lo logra. Como una caricia.

Como no podía ser de otra manera, el libro termina con un victorioso: ¡Buenas noches!

¡Sed felices!



jueves, 14 de marzo de 2013

Ricitos morenos y los tres cerditos

Ricitos de oro... Y los tres ositos.
Un libro carrusel.
Editorial Combel.
Autor: Jenny Arthur.
Adaptación: Carmen Gil.
Año: 2012



 "¡Y el de Ricitos de Oro! ¡Y el de Ricitos de Oro también! ¡El de Ricitos de Oro!". Algo así es lo que deben de sufrir mis vecinos todas las noches. Seguido de un: "¡Hoy los ositos yo! ¡No! ¡Ricitos de Oro yo! ¡No! ¡No, hoy lo cuento yo! Al revéeeeeessss... (de ahí los ricitos morenos y los preciosos cerditos)".  Y es que la historia es divertida y por muy conocida no es menos ingeniosa la adaptación que nos presenta Combel. Con sus rimas y todo. Podrían haber escrito El Quijote que el texto pasaría a un segundo plano. Seguro. Estoy convencida. No nos engañemos, el cuento es muy bueno pero lo mejor que tiene este libro es... ¡Que es un juego! Ay, incondicionales seguidores del Pollo Pepe. ¿Creíais que la diversión terminaba en una barriga, unas patas y un pico? Pues no, los de la Editorial Combel nos ofrecen el formato "libro carrusel". No es que sea el colmo de la innovación, pero el resultado es óptimo.

Al abrirse se despliega el mundo de los ositos: con el bosque, su cocinita, su salón y su habitación. No han dejado en el aire ningún detalle. Los cajones se abren, las camas y las alfombras esconden bonitas sorpresas, la silla del osito pequeño se rompe con un simpático ruido de scratch y, lo mejor, viene acompañado por los protagonistas en perfecta cartulina (¡Con dos gestos! Cara alegre/cara enfadada, cara despierta/cara dormida). Vamos, lo que mi madre denominaría "una cocada".


Si queréis horas interminables de juegos -y peleas-, de diversión -y peleas-, de lectura -y peleas- os recomendamos este libro. Eso sí: una vez lo conozcan os arriesgáis a tener que leerlo todos los días de vuestra de vida. Y digo bien, días, porque -salvo que en vuestra casa os guste el deporte de riesgo- no conviene leerlo de noche. No, al menos, si queréis que dure más de una noche. En resumen: que sí, que nos encanta. ¿A qué esperáis para buscarlo en la biblioteca o para pedir que os lo regalen (lo de ir a hacer gasto está muy mal en estos tiempos de crisis, pero de algo han de vivir también los abnegados libreros. Esos héroes...)?

¡Sed felices!

* Si no lo digo me expongo a que me echen de la familia. Este cuento tiene la bondad añadida de que fue el regalo de cumpleaños de la mejor amiga de Vida. Dicho queda.


miércoles, 13 de marzo de 2013

El disputado huevo de la vaca Maca

La vaca que puso un huevo.
Autor: Andy Cutbill.
Ilustrador: Russell Ayto
Heroicamente traducido por: José Morán Ortí
Editorial Serres (RBA Libros). Nuestra edición es de 2008.


Éste me encanta. Lo reconozco, para qué negarlo, me encanta. Esas vacas tan graciosas, esos animalillos tremendamente expresivos y divertidos. Russell Ayto, sé que no te llegará este mensaje -salvo que exista la telepatía y además no dependa del idioma...- pero tengo que decirlo: eres un artista. Tenéis que verlo, empezando por esa portada impactante, en unos tonos rosas muy del agrado de Alana, con las letras del título brillando y brillando, perforada en forma de huevo dejando al descubierto las manchas de la vaca Maca... Es que lo tiene todo. Creedme cuando os digo que los dibujos hablan. Los gestos y las posturas están muy cuidados, de manera que el lector no pierde apenas información no verbal. Algunos pensaréis que son demasiado exagerados. Yo no lo creo. Es un libro destinado al lector infantil y a mis niñas las atrapa como pocos. Es uno de esos cuentos con los que no te resulta incómodo o pesado detenerte varios minutos por cada página para observar al detalle sus ilustraciones.

Hablemos ahora de las palabras. El libro está escrito en verso -¡Cuatro hurras por el traductor!- lo que aporta una sonoridad y una musicalidad óptimas al cuento. En cuanto a la historia, no sé si desvelaros el final... No, mejor leedlo, disfrutadlo en familia. Sí os avanzaré el comienzo. Macarena es una vaca que se siente triste y frustrada porque ve a las otras vacas como seres especiales (andan a dos patas, montan en bicicleta...) mientras que ella es una vaca común y corriente. Pero hay una cuestión con la que no cuenta Maca. Las gallinas, sus amigas, no soportan verla así y urden un plan perfecto para subirle la autoestima. ¿Perfecto? Bueno, eso no lo sabremos hasta cerrar el libro.

Os lo recomiendo mucho, mucho, mucho. Para trabajar la autoestima (¿Se puede hacer eso?), para hablar sobre adopción o sobre modelos de familia (una excusa como otra cualquiera) o sencillamente para pasar un buen rato leyendo solos, con amigos o en familia (¿No es para eso para lo que se idearon los libros?).

¡Sed felices!

* Sí, nosotras también estamos deseando que Guille tenga algo de tiempo y se ocupe de las fotos...

lunes, 11 de marzo de 2013

Cosas que nos gustan de... Trace Moroney

Serie Cosas que me gustan de de la colección SM Sentimientos.
Autora e ilustradora: Trace Moroney.
Primera edición en español: 2011.


El simpático protagonista de esta colección es el mismo conejito de Cuando estoy -agréguese aquí un sentimiento- (del que pensamos ocuparnos próximamente). La de aventuras que ha corrido este conejo. Si en el caso de la anterior se describían y explicaban los sentimientos más comunes que puede sentir un niño -o cualquier ser humano, en realidad- ahora la autora incide de nuevo en el cuidado y el desarrollo de la autoestima infantil desde otro frente. Con sus libros nos adentra en el mundo de la familia, los abuelos, los amigos, el colegio, jugar, ir a dormir y -el libro estrella de Vida- las Cosas que me gustan de mí

Los libros están tan bien construidos como en Cuando estoy... Son simples, directos y comprensibles por los niños. Si bien no los recomiendo para menores de cuatro años, Alana se cansa rápido de ellos. Aunque se intenta no restringir el tipo de lector que nadie espere que estén adaptados a la diversidad. Cosas que me gustan de mi familia, que es una delicia en cuanto a expresión de los sentimientos, se resiente mucho si lo estudiamos desde una perspectiva de género más amplia, por ejemplo. Cosas que me gustan de mis abuelos, que encandila noche tras noche a mis nenas, puede resultar violento en familias que no conserven a sus cuatro abuelos sanos y salvos. Esto no resta valor a la obra de Trace Moroney, aparte de que nos permite enfocar la lectura colectiva de una manera crítica. No vamos a extendernos ahora mismo en ello, puesto que tenemos pensando dedicarle una entrada a cómo leer a los clásicos con (que no "a") niños del siglo XXI.

En cuanto al aspecto visual, poco hay que decir, la autora es una maestra de la ilustración infantil. Las escenas están cuidadas al detalle y, como hemos dicho, son una continuación del mundo que ya conocimos en Cuando estoy... Las portadas incluyen detalles táctiles: frases en relieve y brillantes, zonas aterciopeladas... En definitiva, para mis pequeñas es una experiencia total. Sólo les falta tener aroma.

A pesar de la variedad de títulos, es muy probable que "queméis" los libros muy pronto. Las primeras semanas en nuestra casa fue un no parar de contarlos y contarlos. Para evitarlo tenemos un truco. A decir verdad la autoría del mismo se la debemos a Vida. (Esto siguiente lo decimos susurrado) Los contamos "al revés".  Sí, sí. Cosas que no me gustan de mí, lo que más detesto de mí, etc. Con el tiempo hemos visto que se trata de una herramienta muy útil para trabajar sentimientos con personas más introvertidas, vergonzosas o que no se encuentren cómodas hablando de este tema.

Y poco más por hoy, lectores atentos (y lectores con déficit de atención también).
¡Sed felices!





* Esta entrada se ha redactado sobre la base de Cosas que me gustan de Mí, Mis abuelos, Mi familia y Mis amigos. Si la biblioteca u otras almas caritativas nos lo permiten nos haremos con el resto de ejemplares y ampliaremos estos comentarios

miércoles, 6 de marzo de 2013

El pollo glotón


Libro-juego El pollo Pepe, de Nick Denchfield y Ant Parker, publicado por SM (nosotros tenemos la 14ª edición, de 2012. La primera edición en español es de 1998. Todo un clásico).


"¿Qué comió el pollo Pepe para crecer tanto? Mira este libro y lo descubrirás".

Queríamos empezar con algo que conociéramos todos, o casi todos. El pollo Pepe es un libro imprescindible en cualquier biblioteca infantil. El cautivador pollo tiene una historia que engancha desde la primera línea y un final completamente inesperado (de verdad, no importa cuántas veces hayas contado el cuento: un niño siempre acoge la imagen de la mamá de Pepe con la frescura de la primera vez). Los más pequeños nunca se cansan de abrirlo o de escucharlo y en pocos días es fácil que sean ellos quienes cuenten la historia. La tipografía es muy sugerente y ayuda a que lo recuerden prácticamente palabra por palabra (bueno, para Alana el pollo come exclusivamente trigo y se enfada si alguien nombra la cebada). Las ilustraciones emplean combinaciones simples de colores (amarillo-blanco-naranja, azul-amarillo-naranja) que facilitan que los pequeños lectores centren su atención en él. Los dibujos enamoran sin necesidad de abrumar con detalles. No sobra un trazo, ni tampoco falta.


Por si todavía queda alguien que no lo conozca, tal y como indica su nombre El pollo Pepe es un juego, además de un libro. Sus hojas despliegan al abrirse el cuerpo del pollito. Primero su barriga, después su pico, luego sus patas y, finalmente, a su mamá. A Vida y a Alana les encanta jugar con el pico, haciendo como si les comiera sus manitas.

Este libro es un recurso fundamental para cualquier sesión de lectura en nuestra casa. Cuando Alana (tres años) se aburre con los cuentos de "mayores" de Vida (cinco años) el pollo Pepe acude en nuestra ayuda entreteniendo a la pequeña con sus páginas.

Pero la diversión no termina con la lectura. Para acompañar esta entrada Vida nos ofrece una fotografía de una de sus creaciones de plastilina con el tema pollo Pepe de fondo.

¡Sed felices!







domingo, 3 de marzo de 2013

Los niños y los libros

Hace muchos años que tengo la costumbre de regalar libros. Da igual la ocasión, la excusa o la persona. Mis regalos, casi en la totalidad de los casos, son libros. Creo que todo comenzó cuando comprendí que la gente no apreciaba las cosas que le regalaba. Un sentimiento a medio camino entre el despecho y la indiferencia más absoluta me hizo tomar esta resolución. ¿Cómo a los demás podían no gustarles mis regalos? Bueno, de acuerdo, acepto que tengo un carácter y unas ocurrencias un tanto peculiares pero... Pero nada, yo sólo regalo libros. Punto. Evidente, predecible, sabido y conocido: li-bros. 

Regalar libros tiene muchas ventajas. Nadie se atreve a decir que no a un libro. Es más fácil que un libro no deseado acabe en un estante de casa de un amigo que no un perfume o una prenda de ropa. Entonces te pedirían el ticket. Pero con un libro no, nadie te lo pide. Podréis pensar que un libro cogiendo polvo en una balda vacía, solitario y aburrido, convierte el regalo en un absurdo total. Nada más lejos de la realidad. Esas baldas vacías son como escaparates de librerías de viejo para cualquier lector en potencia. ¡Cuántos libros habrán llegado a mis manos de esa manera (pero esa es otra historia)!

Lo que quería compartir con vosotros, lo que realmente motiva este blog, es que la fórmula regalo=libro se convierte en un axioma cuando una tiene hijos (en mi caso, hijas). Lejos de lo que pueda decir la tradición oral (léase: el resto de los adultos a mi alrededor) a los niños les encanta que les regalen libros. ¿Cómo que les encanta? ¡Les fascina! Nunca he encontrado a nadie que los reciba con una mayor sonrisa. Pero esta afirmación tiene truco, claro está. Hay que saber elegir bien el libro que corresponde a cada persona. La cosa se vuelve considerablemente dificil cuando llevas más de quince años de celebraciones con ella pero eso no es lo que nos ocupa ahora. Los niños son una especie superior. Cada libro es un reto, cada sonrisa es un reto y merece la pena devanarse los sesos por conseguirla. De eso quiere tratar este blog. De sonrisas y de niños. Y de libros, por supuesto. De libros comprados, de libros regalados, de libros prestados, compartidos, leídos o imaginados, contados a oscuras o entre murmullos, a pleno sol, en voz baja o a coro. Éste es el rincón de los libros que compartimos cuatro personas. Las que conforman mi pequeña familia: Vida, Alana, Guille y yo. 

Baste esto por ahora. Espero que disfrutéis con nuestro particular viaje por la literatura "infantil". Regalar libros está muy bien, pero hay algo todavía mejor: visitar la biblioteca (quizás hablemos de ello muy pronto). Llevad a vuestros hijos a la biblioteca. Llevad a vuestros padres, a vuestros amigos, parejas o vecinos a la biblioteca. Es un lugar mágico. Contiene todo el universo. Y, de momento, es gratis (o casi gratis).

¡Sed felices!