jueves, 30 de mayo de 2013

Mamá: quiero ser ecologista (pequeño monográfico).

Hace tiempo me sorprendió Vida con esa declaración de intenciones. La cosa vino después de que les hablara sobre mis amigos Iván y Diego que -¡Oh, sorpresa!- son ecologistas. El comentario despertó en mí el ligeramente apagado interés por traer libros de ecología para niños a casa. De forma paralela, esto de que el invierno se haya aferrado a nuestro terruño y no tenga la menor intención de dar paso a la primavera nos ha trastocado los planes para los próximos meses. Me temo que este año la pequeña y humilde huertita corre el riesgo de quedarse en el cajón de las ideas. Con el ánimo partido recordé que había visto en una librería una serie de libros sencillos que podrían ayudarnos en las tardes de lluvia. Así que... ¡Allá vamos!


¡Ahorra agua!


¡Ahorra energía!
 ¡Protege el medio ambiente! 


¡Recicla!
 
Serie: Ecología para niños.
Textos: Neil Morris.
Ilustraciones: Mark Turner.

Los libros están bien, correctos. No están pensados para niñas tan pequeñas pero con una lectura guiada la cuestión se soluciona. De todas maneras, aunque los lectores fueran algo mayores, una lectura individual tiene pinta de tener más peligro que un mono con tijeras. Me explico: de anteriores experiencias en las que se intenta inculcar unos determinados hábitos o conductas a los niños he sacado algunas conclusiones. Una de ellas es que los niños tienden a ser inflexibles con estas cuestiones (consecuencia directa de la manera en la que se las presentamos, con "moralina"). Así que -uy, uy, uy- preparaos para una serie interminable de preguntas o reproches acerca de vuestra vida cotidiana*. Como decía, eso tiene fácil arreglo leyendo con ellos, aunque ellos ya sepan leer. Las dudas surgirán sobre la marcha y serán solucionadas sobre la marcha. Tu madre no será el monstruo que te lleva por las mañanas en coche al cole, sino que comprenderán que no es viable llevarte seis kilómetros bajo la lluvia en bicicleta a las ocho y media de la mañana, por poner un ejemplo. Servirá también para poder llorar a cuatro ojos ante la antidefinición: "Energía química: energía producida por una reacción química", y para buscar una solución al enigma en familia. O para abrir un debate sobre cuestiones como: "Muchas personas piensan que el grafiti es una forma de arte callejero, pero otros creen que no es más que una gamberrada. Los grafitis son dibujos pintados con spray en las paredes de las calles. Los ayuntamientos tienen que limpiarlos, y esto supone un gasto de tiempo y dinero".


Creo que esta obra de Arte de Banksy habla por sí misma...


Conste que algunos grafitis me parecen de lo peor en este mundo y que ver cómo se desprecia el mobiliario urbano o cómo chavales demasiado entusiastas pisan maravillosas obras de grafiteros "senior" me saca de quicio. Pero desde el plano documental tengo una relación de amor-odio con ellos. ¿Cuánto conocimiento habríamos perdido de no conservarse los graffitti de Pompeya?


Bueno, la verdad es que en conjunto los libros me han gustado, me han dado lo que buscaba. Pero está bien dar a conocer los pros y los contras que una encuentra a sus lecturas.

Ahora viene lo bueno. 


Recíclame. Antes era una caja de cartón, pero ahora soy... ¡Un libro sobre osos polares!
Texto: Anton Poitier
Ilustraciones: Melvyn Evans
Ed. Susaeta.

Tiernísimo. Dos historias en una, la del oso polar y la de la caja de cartón. Éste sí que nos ha gustado. Y sirve para aprender cantidad de cosas interesantes sobre los osos polares. Y para hablar sobre los animales en peligro de extinción. Para las niñas ha sido una prueba de para qué sirve tener la cantidad de cubos de basura que hay en casa. Al estar fabricado con materiales reciclados tiene un aspecto muy curioso. En el mejor de los sentidos, me encantan los tonos del papel reciclado y si no fuera porque se deterioran más con el uso que les dan Vida y Alana a los libros la idea de la portada sin plastificar es estupenda.

Seguiremos buscando libros -preferiblemente cuentos- sobre esta materia y seguiremos informando. Mientras tanto, sed felices. Cuidad vuestro entorno.

* No os alarméis, que los libros vienen con su acostumbrada guía para padres en la última página...
**Las ilustraciones de la serie "Ecología para niños" no han terminado de convencernos.

jueves, 23 de mayo de 2013

Pequeñas investigadoras

"'Papá, explícame para qué sirve la Historia', pedía hace algunos años a su padre, que era historiador, un muchachito allegado mío. Quisiera poder decir que este libro es mi respuesta". 

Así comienza uno de los más maravillosos clásicos de la historiografía, Introducción a la Historia, de Marc Bloch. Lo cierto es que el libro de Bloch lleva décadas enamorando a los alumnos de cualquier facultad de Historia, explicándoles el método e insuflándoles vocación. Pero mis hijas son todavía demasiado pequeñas -sí, sí, vuelvo a la carga- como para saciar su ansia de conocimiento con él. Marc Bloch, buen intento, cuando sean mayores estoy convencida de que disfrutarán muchísimo con el pequeño libro verde.



Evidentemente, no me he puesto delante del ordenador hoy para hacer una recensión de Introducción a la Historia. No. Tengo la suerte de tener buenos amigos que me adelantan en esto de la maternidad y uno de ellos -mi maestro Jose Antonio Pérez- me recomendó hace poco una buena lectura en familia. Algunos padres cuando se juntan hablan de cómo dar de comer verduras a sus hijos, de cómo ducharlos sin que sea una batalla naval o de cómo conseguir que duerman de una determinada manera o a una determinada hora. Nosotros no. Y estoy encantada de poder contar con personas como Jose, que me ayudan a resolver mis cuitas de madre-investigadora. ¿Alguien alguna vez ha visto en un libro de texto las frases: "mi padre es historiador", "mi vecino es filósofo", "mi prima es filóloga"? Pues es eso. Alguien en algún momento le dijo a mi hija Vida que yo soy profesora (¡Más quisiera!) y cuando le preguntan ella dice que soy profesora "de las que no tienen alumnos". O que soy escritora (¡Más y más quisiera!). Bueno, esto último tiene una ventaja y es que nadie hace preguntas cuando estoy en paro.

Desde el principio este blog se planteó con la idea de presentaros libros que fueran algo más que cuentos. Queríamos que jugarais con los libros. En familia o entre amigos. Que los leyerais y releyerais. Que los comentarais y los criticarais. En algunos casos, que los pintarais, dibujarais, esculpierais. Pues bien. Bienvenidos al lado salvaje de la literatura.

El libro de hoy no es un cuento, es una historia. Es vuestra historia. ¿Sabéis cuando nace un bebé y la gente comienza a hacer un álbum con sus fotos y sus pequeños recuerdos? Ja, mis queridos lectores, nuestra propuesta supera eso con creces. Y tiene una ventaja fundamental: los niños no son los protagonistas de la historia, sino del proceso de creación. Vale, me dejo ya de misterios. Hoy nos toca:

El álbum de mi abuela (hay versión de abuelo también, pero hemos conseguido antes la versión femenina).
Diane Barbara y Dominique Beccaria.
Ed. San Pablo, 2006.


Impresionante. Este libro es un regalo para toda la familia. Para los abuelos, por supuesto, pero también para los pequeños investigadores e investigadoras de la casa. Y, cómo no, para el o los adultos que decidan acompañarlos en este proceso. En la parte visual todo es divertido y sugerente. Los textos guían con corrección y profesionalidad la curiosidad de los más pequeños. Propone actividades que van más allá del documento gráfico (pero no lo pierden de vista), es una perfecta primera toma de contacto de los niños con la Historia, un acercamiento a la disciplina desde una de sus perspectivas más atractivas y más familiares para ellos: la Historia oral. Os dará jornadas y jornadas de intensa diversión y trabajo en familia y se convertirá en un preciado recuerdo para todos.

Y ahora, Vida y Alana: ¿para qué creéis que sirve la Historia?

Sed felices. Tened presente vuestro pasado.

* ¡Sorpreeeesssaaaa! ¡Temblad abuelos!
** El libro es bien barato, no dudéis en comprarlo. Ahora bien, recordad: lo que estáis regalando no son papeles, es tiempo y es recuerdo.
*** No se necesitan grandes medios para llevar a cabo el trabajo que se propone, ahora bien, hoy en día casi en cualquier casa hay aparatos de sobra como para dejar constancia de vuestras entrevistas. Si está en vuestra mano -y en vuestro ánimo- aprovechadlos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

La cama familiar

Después de un parón inesperado pero necesario aquí estamos de vuelta. Hemos recuperado fuerzas y tenemos nuevas cosas que contaros. Por ejemplo, que el lunes el cartero nos dejó una grata sorpresa en el buzón (menos mal que los abuelos se habían encargado de proteger con delicadeza y cariño el paquete...): La cama de mamá.



La cama de mamá.
Autores: Joi Freed-Garrod y Morella Fuenmayor (ilustraciones).
Ediciones Ekaré.
Barcelona, 2011 (9º edición). 

La cama de mamá es un pequeño libro con una historia encantadora que surge de la unión de unos breves textos con unas ilustraciones que cumplen su función perfectamente. Contemplándolas me ha entrado un ataque de nostalgia, las páginas refrescan el recuerdo de aquellas imágenes de los cuentos de mi infancia, tiernas, detallistas, muy alejadas de los provocativos trazos y a la simplicidad de los cócteles de colores a los que estamos acostumbrados hoy en día.  

La historia es otro cuento. Yo no sé cómo o a qué jugabais en vuestra infancia. Os contaré un secreto: yo también tenía una "cama de mamá". En este caso, una cama de papás. Una colchoneta gigante sobre la que dar imparables volteretas, con una colcha eterna, que lo mismo servía para hacer de mar cuando jugabas a piratas, que de balsa, que de nave espacial. Por más peluches que pusieras encima siempre quedaba espacio. Apagabas la luz y vivías cientos de aventuras (para mayor cachondeo de mi hermana, cinco años de madurez jugaban a su favor). Las camas de matrimonio son el castillo de todo niño (o niña) que se precie. Siempre existe el riesgo de sufrir alguna regañina por desarmar las mantas o por introducirte en ellas con la ropa de la calle. Pero todo eso forma parte del juego. En este libro la cama de mamá, aparte de todo eso, es el refugio familiar. El lugar cálido y seguro en el que los hijos se albergan cuando necesitan tranquilidad y cariño. 

Vamos, que nos ha gustado mucho. Tengo la costumbre de leer siempre los cuentos sola antes de compartirlos con Vida y con Alana para evitar sorpresas desagradables, para saber cómo enfocar la lectura o para prever posibles problemas o atascos (no todos los cuentos están pensados para ser leídos en voz alta). En el primer contacto con este libro vi que, como con tantos otros, la historia nos iba a llevar a algo más que a una conversación sobre cómo Alana y Vida saltan y trastean por la cama de sus abuelos o sobre la suya propia. Y es que la cama de mamá era, efectivamente, la cama de mamá. ¿Y dónde estaba papá?

Primera lectura con ellas: "¿Mamá, y el papá de Zacarías dónde está?". Perfecto. Joi Freed-Garrod me había regalado un precioso momento para hablar sobre las familias. Es asombroso cómo un niño puede pasar de la mayor de las sorpresas a la integración total de la diversidad social. No deja de fascinarme la inteligencia infantil. La cama de mamá es un perfecto ejemplo de cómo un libro puede servirte para desterrar prejuicios sin la necesidad de expresarlo siquiera. ¡Cómo se agradece!

Sed felices. Disfrutad de la diferencia.

* Podéis echar un vistazo al interior del libro en la página de la editorial: http://www.ekare.com.ve/la-cama-de-mama/